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viernes, 20 de noviembre de 2009

Nunca muerdas la mano de la fuente que te da de comer

Como bien dice el dicho... no hay que morder ciertas manos. Más, si de esas manos dependen algunos aspectos de tu vida. Un periodista lo sabe bien y por eso, sabe cuidar aquellas manos que le dan información interesante cada vez que lo necesita. Y es fácil entenderlo porque si tratas mal a tu fuente, dejará de serlo.

Cuando te dispones a recibir información de una fuente, ésta tiene diferentes posibles reacciones a la hora de dártela. La situación perfecta sería aquella en la que te ofrece toda la información y no tiene ningún problema en que la publiques y la nombres. Pero esta atribución on the record es el máximo de la buena suerte. Los problemas vienen cuando esta buena racha se te acaba. Puede que la fuente no quiera que nombres directamente o que ni siquiera des la información que te proporciona. En tales casos es de agradecer su colaboración, pero ¿qué hacemos nosotros cuando nuestro jefe te dice que tienes dos páginas o un vídeo que hacer, te pongas como te pongas?


Nuestro pequeño "pepito grillo" acude a nosotros y nos dice: "si publicas la información de la forma en que la fuente no quiere, la perderás. Sé bueno y busca otra solución". Sin embargo, podría invadirnos el temor de no contentar al jefe y guardaríamos nuestra ética en el bolsillo para sacar adelante nuestro trabajo del día. Entonces, ¿qué primaría más, nuestra relación con el jefe o nuestro buen hacer periodístico?


Ante este dilema periodístico se pueden extraer unas algunas normas básicas de lo que se podría llamar un buen comportamiento en nuestro trabajo diario:
  • Si te dice que no lo publiques, hazle caso. Al fin y al cabo, no es el que te paga, pero es por el que escribes cada día y por el que tu jefe te felicita por el "buen trabajo por esa información privilegiada".
  • Si tienes que conseguir información y sabes que no te van a hablar, deja de parecer un agente secreto con cámaras ocultas que te darán una magnífica exclusiva. La tendrás pero no la podrás publicar y si te cogen, estás sentenciado al eterno silencio.
  • Lo mejor ante una fuente poco receptiva es ganársela poco a poco. Que vea que eres de fiar y eso no se consigue con juegos sucios.
  • Si el jefe te pide algo, evidentemente dile que sí. Pero luego haz lo que puedas según lo moralmente adecuado. Eso de hacer llorar a una madre que ha perdido una hija queda muy bien para la audiencia, pero muy mal para lo que puede decir de ti.
  • Mira a los compañeros de profesión como a compañeros, no como a competencia. A veces es difícil, pero ¿quién mejor para echarte una mano? ¿y para que tú se la eches?
  • No te coviertas en la voz de los gabinetes de prensa. Es muy cómodo recibir la información ya preparada para publicar, pero acuérdate de que a veces, hay que dar más versiones y que todo lo que nos ofrecen no tiene que publicarse. Selecciona.
  • Procura acudir, en los casos de conflicto sobre todo, a más de una fuente y dar la versión de todas en tu noticia. Cuanto más profundices en el tema mejor (ya, la rapidez informativa no lo permite muchas veces, pero haz lo que puedas)
  • Y por supuesto, dale más valor a lo que crees que es ético y déjate de seguir instrucciones sin pensar. Los buenos periodistas saben elegir lo adecuado y tienen capacidad para reflexionar por sí mismos. Añade algo más a tu información.

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